El Cielo Inicial
- Horacio Tignanelli
- 25 may 2018
- 9 Min. de lectura
Marzo, 2018
Algunas Precisiones
El cielo es un concepto que se construye con nuestra mirada. En el cielo se proyecta nuestra cultura.

El cielo constituye una parte importante de cualquier paisaje natural que observemos en nuestro planeta, es decir, un panorama terrestre siempre tiene cielo. Pero a diferencia de la Tierra, el cielo no es algo material. El cielo no es la atmósfera ni los gases que la conforman, tampoco el cielo son los objetos que identificamos en él (como la Luna, las nubes o un avión).
El cielo es todo aquello que no identificamos con la Tierra, que nos parece fuera de la Tierra.
El cielo está en nuestra mirada y hay por lo tanto, tantos cielos como observadores, y verán en cada uno tantos objetos como les habilite su percepción.
El cielo es impalpable e prácticamente insondable e inabarcable: es nuestra primera intuición de lo infinito. El cielo está en la visión de nuestro entorno, forma parte del ambiente natural pero su noción está atravesada por nuestra cultura como tal vez ningún otro aspecto de la naturaleza.
Por eso el cielo es un concepto, como la libertad o el desamor.
En los niños y niñas del Jardín hemos alcanzado a distinguir al menos cuatro tipos de cielo, a saber:
Cielo fantástico: Es donde conviven diferentes seres, tan extraordinarios como efímeros (el tipo de “personajes” cambia rápidamente con el contexto, el tipo de lecturas o relatos que escucha o las películas y/o series que ve en la televisión o el cine)
Cielo sensitivo: el paisaje que genera diversas emociones y sensaciones físicas
Cielo místico: se construye culturalmente a través de la mirada de los adultos cercanos, es el primer cielo que incorporamos como tal.
Cielo natural: está siempre diferenciado en dos: uno iluminado (donde está el Sol) y otro oscuro (dominado por las estrellas y la Luna).
Todos estos cielos coexisten en nuestra mirada cuando somos pequeños y perduran para siempre a lo largo de la vida. Sucede que, a medida que crecemos vamos separándolos de acuerdo al contexto en que nos encontramos, “sintonizando” nuestra percepción a través de evocaciones, recuerdos o simples razonamientos.
Lo que resulta invariable es que desde niños percibimos que la mitad de todo paisaje que miremos está formado de cielo.
Ante tal multiplicidad de miradas (de cielos) es esperable que en el trabajo cotidiano del Jardín:
Se incentive la imaginación para favorecer la fantasía.
Se optimice los estímulos para refinar la sensibilidad.
Se proteja la libre expresión para sostener las creencias personales.
Se aporten elementos para interpretar los fenómenos celestes desde una perspectiva científico/cultura.

Anabel se dibuja a si misma junto a su casa, su entorno natural de flores y árboles, con su cielo. Notar los elementos del cielo: el Sol, estrellas, pájaros volando, barriletes, humo, globos con piolín y un planeta rojo. Le preguntamos: ¿Por qué dibujás un cielo claro? “Porque es de día”. ¿Cómo nos damos cuenta que es de día? “Porque estoy afuera de casa”.
¿Qué identifican los niños en esos cielos?
El cielo fantástico está poblado de seres extraterrestres (generalmente monstruos de otros mundos que no son planetas). También son comunes los fantasmas y otros seres tenebrosos, junto con algunos superhéroes.
El cielo sensitivo es el paisaje que genera diversas emociones (falta de visión, extremo cuidado, etc.) , sensaciones (escalofríos, sueño, etc.) y sentimientos (admiración, ternura, miedo, etc.).
En el cielo místico se identifican ángeles y otros seres espirituales, familiares y mascotas recientemente fallecidas, diversos símbolos religiosos e incluso deidades.
En el cielo natural (observable) diferenciamos tres tipos de cuerpos:
Animales: principalmente pájaros, insectos, murciélagos, etc.
Meteorológicos: nubes, lluvia, nieve, relámpagos, arco iris, etc.
Cósmicos (observables): son infaltables el Sol, la Luna y las estrellas. En algunos casos han observado estrellas fugaces.
En el cielo natural también existen y son observados diferentes elementos no naturales, que llamamos:
Elementos artificiales observados en el cielo: aviones, helicópteros, satélites, naves espaciales, barriletes, globos, papelitos, etc.
A estos elementos hay que sumar algunos que los chicos no observan pero que culturalmente saben que están en el cielo y los incorpora a su mirada y no duda en plasmarlos en sus dibujos o descripciones del cielo:
Meteorológicos (no observables): el viento y el trueno.
Cósmicos (no observables): cometas y planetas.
Artificiales (no observables): satélites y naves espaciales.

Un collage con pedacitos de cielo donde aparece un Sol y un planeta “Saturno” (reconocible por su anillo)
Algunos cielos infantiles
Ante tal multiplicidad de miradas (de cielos) es esperable que en el trabajo cotidiano del Jardín:
Se incentive la imaginación para favorecer la fantasía.
Se optimice los estímulos para refinar la sensibilidad.
Se proteja la libre expresión para sostener las creencias personales.
Se aporten elementos para interpretar los fenómenos celestes desde una perspectiva científico/cultural
Para cumplir con las premisas resultas relevantes dos actividades:
Observar el cielo con niños
Favorecer su evocación de cielos observados fuera de la sala (por ejemplo, cielos nocturnos)
Propiciar que los representen de alguna manera (dibujos, collages, etc.).
A continuación mostramos algunos cielos de tipo natural dibujados por niños de 5 años.
Camino (1997) señala que los dibujos infantiles pueden considerarse palimpsestos, es decir auténticos registros en capas superpuestas. En el caso de los dibujos de índole astronómica podemos diferenciar:
Una primera capa (superficial) que define su dimensión astronómica. Algunos de los rasgos que podemos identificar en esta capa, responden las siguientes preguntas:
¿Qué sistema de referencia espacial tiene el dibujo? (es la visión de un observador que se halla en el espacio, es la mirada de un observador terrestre, tiene una perspectiva mixta, etc.).
¿En qué momento se ha dibujado el cielo? (es de día, de noche, un atardecer, un amanecer, es un momento indefinido, etc.).
¿Qué tipo de objetos aparecen en los dibujos? (la Luna, el Sol, las nubes, etc.)
Una segunda capa determinada por la dimensión plástica/estética de su dibujo.
El dibujo así entendido es un medio de comunicación con sus propias características y leyes, no determinadas por
cánones del realismo objetivo.
Se combinan dos factores: su conocimiento de las cosas y su propia e individual relación con ellas.
Una tercera capa (profunda) que habla de una dimensión más personal, que podemos llamar capa psicológica.
En general los cielos diurnos son festivos y llenos de objetos cotidianos. En ocasiones son acompañados de paisajes terrestres que plasman evocaciones de momentos agradables (incluso los niños se incluyen en ellos). En los cielos nocturnos la temática fundamental que aparece es el miedo y las distintas defensas frente al mismo. En muchos casos esta sensación se amortigua cuando el niño o niña dibuja el cielo nocturno en coexistencia con el cielo diurno, o bien colocando en el nocturno cuerpos celestes del cielo diurno. Otro rasgo a identificar en esta capa son trazos del animismo característico de los chicos del Nivel y la sugestiva elección de colores para pintar los objetos que dibuja.
El relato del cielo
Vosniadu (1994) señala que desde muy pequeñas, las personas desarrollan ciertos vínculos sobre el comportamiento de los objetos del mundo físico como por ejemplo: la idea de continuidad de la materia, la omnipresencia del estado sólido para las cosas, la acción a distancia como un acto de magia y que no existe en realidad, la concepción de que el movimiento gravitatorio es sólo de arriba para abajo, entre otros. Sus presupuestos están organizados en una teoría ingenua no disponible para pruebas conscientes; esos presupuestos comprometen proposiciones, enunciados, conceptos, ideas y creencias, que describen las propiedades y comportamientos de los objetos físicos. Se evidencia que esa teoría oficiaría como una restricción en el proceso de adquisición de conocimientos sobre el mundo físico.
En el cielo infantil, tal como sucede con otros conceptos, se manifiestan muchas de las ideas que construyen los niños sobre el mundo natural. Surgen sus modelos, entremezclados con sus creencias y su imaginación. En la sala del Jardín al trabajar estos temas del mundo natural (astronómicos y no solo astronómicos) se ponen en marcha sus modelos y se facilita que evolucionen hacia otros más elaborados, más explicativos, más potentes.
Los dibujos son una poderosa herramienta para que los chicos plasmen aspectos de sus modelos, pero también sus relatos sobre los fenómenos y los objetos del mundo natural son relevantes para que sus modelos se expliciten y, a partir de esa acción, evolucionen. A continuación mostramos algunos relatos infantiles:
Hablamos sobre el cielo
Palabras de Ángel
Maestra: ¿Qué hay en el cielo?
Ángel: Nubes y nada más.
Maestra: ¿Nada más que nubes? ¿Qué otra cosa ves?
Ángel: Nubes y Sol.
Maestra: ¿Y de noche?
Ángel: A la niebla.
Maestra: Niebla. ¿Y algo más?
Ángel: La Luna, las estrellas.
Palabras de Carolina
Maestra: ¿Vos mirás el cielo?
Carolina: A veces.
Maestra: ¿Qué hay en el cielo?
Carolina: Hay estrellas, hay soles.
Maestra: ¿Muchos soles hay?
Carolina No, uno solo.
Maestra: ¿Hay algo más?
Carolina: Nubes, Luna.
Maestra: ¿Algo más?
Carolina: No, nada más.
Palabras de Carla
Maestra: ¿Qué hay en el cielo?
Carla: Nubes, Sol, algunas veces, a la noche, estrellas, Luna.
Maestra: ¿Nada más?
Carla: Nada más, bueno... la lluvia, noche, lluvia.
Maestra: ¿La lluvia es el cielo?
Carla: Porque el cielo chupa. Chupa cuando hace frío,. Cuando no está nadie en una pileta chupa y después…después caen las gotitas.
Palabras de Ayelén
Maestra: ¿Qué hay en el cielo?
Ayelén: Nubes, aviones, helicópteros, todo lo que pasa, pajaritos.
Maestra: ¿Y más arriba (de todas esos objetos)?
Ayelén: Y para pasar en el cohete a los planetas tenés que ir muy arriba.
Maestra: ¿Y algo más que se pueda ver desde aquí, qué esté en el cielo?
Ayelén: Las estrellas, el Sol, la Luna.
Hablamos del Sol y de cómo es
Palabras de Martina
Maestra: ¿De qué forma es el Sol para vos?
Martina: Y, amarillo.
Maestra: ¿Amarillo, pero la forma cómo es?
Martina: Y, la forma es un círculo.
Maestra: ¿Y el Sol de qué estará hecho?
Martina: El Sol por adentro es todo amarillo.
Maestra: ¿Me explicás?
Martina: Seguro que adentro tiene tierra y afuera es todo amarillo, no se de qué está hecho. Seguro que también salió otro Sol y que explotó en nuestro Sol y salió un Sol y después se hizo como los otros planetas que estaban chiquitos, después más grandes y después se hizo así y no tuvo nada adentro.
Palabras de Brian
Maestra: ¿De qué forma es el Sol para vos?
Brian: Y, de redondel así, y con rayos así, con triángulos.
Maestra: ¿De qué está hecho el Sol?
Brian: Y afuera tiene como si tuviera fuego, pero adentro tiene fuego, el fuego lo alumbra
Hablamos de la Luna y de cómo es
Palabras de Bautista
Maestra: ¿De qué forma es la Luna para vos?
Bautista: Y, de redondel. Cuando está despierta es un redondel y cuando está dormida es media.
Maestra: ¿De qué está hecha la Luna?
Bautista: Y, adentro es de agua, es como un agua amarilla que alumbra; entonces alumbra y así forma la medialuna.
Maestra: ¿Sólo agua tiene adentro?
Bautista: Si.
Maestra: ¿Y por afuera que tiene?
Bautista: Y, por afuera tiene como un capullo.
Maestra: ¿Un capullo de qué?
Bautista: Y de... de burbuja.
Maestra: Ajá...
Bautista: Entonces el agua le va dando al capullo, entonces el capullo va tirando agua y cuando le quieren pegar a la Luna, está el capullo para protegerla.
Maestra: ¿Siempre la vemos igual a la Luna?
Bautista: Algunas veces está redonda y otras veces, medialuna.
Maestra: ¿Y el color? ¿Es siempre igual?
Bautista: Si, es amarillo porque el capullo le hace producir el color amarillo. Se junta el agua con el capullo entonces hace que esté de color amarillo y abajo está como una así, y hay toda tierra, barro con agua.
Maestra: ¿Abajo de qué?
Bautista: De la Luna.
Maestra: ¿De la Luna dijiste?
Bautista: Y arriba está amarillo sin nada. Por eso no podemos entrar ahí, porque nadie podemos pasar si está el capullo.
Maestra: ¿Y en esa parte de abajo que vos decís que hay barro, qué es en la Luna... [es] abajo de la Luna?
Bautista: No, no. Abajo de todo, no. Viste, toma un pedazo de la Luna, entonces ahí está el barro, el barro que hace producir el agua, barro mojado.
Maestra: Entonces la Luna tiene barro... ¿agua y barro?
Bautista: Porque el barro va chupando a veces agua, entonces va largando. Es como si fuera un sistema que da agua.
Maestra: ¿Es como una bomba?
Bautista: Si, que absorbe, absorbe y después bombea.
Palabras Finales
Hemos intentado aquí dar una breve semblanza de la percepción del cielo en los niños y niñas del Nivel Inicial, a

través del trabajo hecho por docentes de Jardines de Infantes con sus alumnos.
Estamos persuadidos de que el cielo y los astros no son temas ausentes en las prácticas de las docentes del Nivel, pero buscamos resaltar su tratamiento ya que constituye un elemento relevante del mundo natural.
De hecho, el cielo de los niños y niñas que comienzan su escolaridad es un cielo de maravillas, en el cual germinan sus ideas sobre el mundo físico ya que estamos convencidos de que, ya adultos, cualquiera sea el cielo que miremos, en esa mirada habrá un pedacito de cielo de nuestra niñez.
HT, aún en la primavera de 2017
Agradecimientos
Nuestro profundo agradecimientos a las maestras jardineras P. Belloni, I. Benito, C. Berón, C. Boianelli, M. Branchi, S. Castro, M. Davis, G. Decidue, K. Droghi, M. Espíndola, V. Euras, K. M. Fernández, A. Flores, A. Franceschini, E. Gaetán, A. González, V. Kurás, M. Luna, N. Molinari, E.B. Montanari, M. Ortalda, M. Porta, M.S. Reiniero, por sus aportes para este artículo.
Bibliografía utilizada
Camino, N., “Un palimpsesto en el cielo nocturno: algunas consideraciones sobre investigaciones educativas basadas en dibujos” en Investigación e innovación en la enseñanza de las ciencias (Ed. Barret, E. & De Pro, A.) Barcelona: 1998.
Tignanelli, H., Astronomía en Liliput, Buenos Aires: Ed. Colihue, 1997.
Vosniadu, S., “Universal and culture-specif properties of children´s mental models of the earth” en Mapping the mind (Ed. Hirchfeld, L.A. & Gelman, S.A.), Cambridge: University Press, 1994.